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Además, si soy sincero, no sé si sería capaz de cumplir el objetivo en dichas condiciones».

Él insistió en que el experimento se desarrollaría con total privacidad, que lo único que el equipo vería sería mi cerebro en la pantalla del ordenador, y que no me preocupara por los nervios; que incluso si el experimento no culminaba, parte de los datos serían igualmente útiles.

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La fisiología básica de los instintos sexuales y la función reproductiva están muy preservadas evolutivamente.

Por encima de esta endocrinología básica en nuestra especie se superpone toda la influencia cultural, las experiencias durante el desarrollo, el aprendizaje y la libertad de acción.

Sin mediar palabra, Jacob toma la iniciativa y camina decidido hacia Sandra. Jacob se detiene un par de segundos pero enseguida intenta acercarse de nuevo a Sandra. Sandra sigue alejándose pero ya no se echa a correr.

Esta vez logra quedarse a unos pocos pasos, y de repente nota un olor peculiar. Es un perfume intenso que Jacob nunca había olido antes. Sólo da la sensación de pretender escapar cada vez que Jacob la toca o acerca su rostro a ella.

En su caso no se trata de encontrar un macho especialmente atractivo, ni de verse expuesta a presiones sociales, ni de sentirse más eufórica un viernes que un lunes.

En su caso la aparición de deseo es un mensaje interno condicionado exclusivamente por sus niveles hormonales. Claro que podemos observar los cambios en la respuesta sexual de las mujeres tras la menopausia, o los efectos de la disminución de la testosterona por ingesta de la píldora anticonceptiva, la pérdida de libido por los antidepresivos, que aumentan los niveles de serotonina, o la hipersexualidad generada por algunos fármacos reguladores de dopamina.

Y he entrado en toda clase de laboratorios, incluidos los de investigación militar, de ética mucho más dudosa que el de Barry.

El objetivo siempre ha sido conocer la ciencia desde lo más adentro posible.

Intentaremos abordar todos estos factores en este libro, observando más a las personas que a las ratas.

Pero no nos apresuremos en menospreciar los estudios con animales de laboratorio.

Sandra y Jacob están desnudos en una habitación vacía. Tampoco saben que les estoy observando y tomando buena nota de su comportamiento, ni que los investigadores de la Universidad de Concordia, en Montreal, se han asegurado de que los niveles hormonales de Sandra la hagan sentirse excitada y receptiva al «apareamiento», como ellos prefieren llamarlo.

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